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Transformaciones de la escuela

La actividad correspondiente a este módulo es que, a la luz de la bibliografía, el artículo y el video que les subí, mencionen qué transformaciones pueden identificar que han tenido su impacto en la escuela.


Comentario de Cintia Mariela Rodrigo
En esta nueva realidad cuya dinámica la podemos identificar en una suerte de modernidad líquida, imperan cambios muy profundos y a la vez muy rápidos tanto en el ámbito social, político y económico, los cuales repercuten en el proceso educativo y en la concepción de la educación en sí misma.
            Si pensamos a la institución escolar, bajo los preceptos fundadores, e intentamos realizar un análisis profundo, comparando los distintos paradigmas que la escuela debió atravesar y a su vez adaptarse, recaemos en varios puntos de clivaje, que de alguna manera condujeron a una re significación de la funcionalidad en la dinámica de las instituciones educativas.
            Una de las transformaciones más significativas y que de alguna manera marcó el nuevo rumbo de la escuela, es la masificación en la cobertura educativa, en la posibilidad igualitaria del acceso de todos los sectores sociales a la educación en reconocimiento de los derechos ciudadanos, y en la búsqueda de equidad social. En sus principios esto conlleva a una sociedad inclusiva, en igualdad de oportunidades. Es importante remarcar que más allá de masificar la educación, aún no se ha logrado este objetivo, ya que no aminora, ni desdibuja la desigualdad social. Ello es debido a que no cuenta con el acompañamiento de políticas inclusivas que se implementen y funcionen satisfactoriamente.
            Esta transformación, impactó en la escuela, y produjo un quiebre positivo en su insignia fundacional. La escuela se convierte en productora de subjetividad, en la libertad de expresión, en una suerte democratizadora en este nuevo paradigma, en donde la sociedad se levanta en reclamo de sus derechos, donde los ideales se manifiestan a flor de piel, y donde los medios de comunicación, en su masificación, permiten la libre circulación y la apropiación de todo tipo de información a través del boom tecnológico. Este acceso, producto del gran auge de la globalización, genera en la sociedad un nuevo despertar. Deja de aceptar lo establecido, y comienza a cuestionar su realidad y aquella que le rodea, lo cual también se alimenta del movimiento producto de las manifestaciones sociales.
            Las innovaciones en el campo comunicacional se han abierto un amplio y complejo camino, las cuales al internalizarse y naturalizarse en la construcción y conformación de los procesos que atraviesan las tramas sociales, se han reivindicado como un espacio en el cual se constituyen y se reproducen las prácticas sociales que se desprenden de los modelos culturales.
            Es interesante remarcar, como esta nueva realidad social democratizadora, en un contexto comienza a sentar las bases de una nueva dinámica institucional, que pone el foco en la formación crítica de los estudiantes en calidad de futuros ciudadanos, fomentando un proceso de enseñanza- aprendizaje constructivista, basada en el respeto y la motivación de la subjetivad de los educandos. Por ello también consideramos a la escuela como productora de subjetividad en el desarrollo de la libertad ciudadana, en un enfoque basado en la diversidad, con una función compensadora de las desigualdades ,promocionadora de personas diferentes portadoras de diferentes tipos de inteligencia, estilos de aprendizaje y habilidades de pensamiento.

Comentario de Sebastián Ariel Peláez

            En estas últimas décadas, la escuela fue una esponja de absorción indiscriminada de las problemáticas en las que está inmersa. Una escuela en un barrio popular es una caja de resonancia cotidiana de las problemáticas de esa comunidad. A eso se suman las problemáticas de los maestros. La escuela es un acróbata sin red. Dejó de estar protegida como institución encargada de la transmisión cultural, al tiempo que fue sobrecargada de una problemática que la desbordó por todos sus poros. Si se recorren las escuelas de la provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Gran Rosario, Gran Córdoba, La Quiaca, la Quebrada de Humahuaca, el Alto de Bariloche, el Impenetrable en el Chaco, se puede tomar dimensión del pasaje que significa la escuela. Allí se descarga la situación traumática, no sólo en términos de tareas asistenciales que no son tampoco el problema central.
            –¿Por qué dejó de ser un tema central? ¿Lo fue alguna vez?
–La escuela ya ni siquiera asiste. Dispone de tan poco que reparte migajas. Creo que la dicotomía entre la asistencia y la educación es una falsa dicotomía. Hay servicio alimentario y comedores sobredimensionados. Cuando uno constata qué se come, cómo se come, quién y cómo se reparte la comida, lejos está uno de pensar que el servicio alimentario resuelve el tema de la alimentación, tanto en términos de ingesta como culturales. La escuela quedó atravesada por las realidades en las que trabaja. Y quedó a cargo de encontrar soluciones contando con muy pocas políticas.

Comentario de Álvaro Enrique Herrero Ducloux


            La escuela ha perdido el sentido que supo tener hace cincuenta años, y si se me permite decir, también el prestigio. Esto no sólo es característica de la escuela, sino también de la Universidad. Considero que las causas de esto las podemos encontrar en la llamada “liquidez” postulada por Bauman como también en la “escuela de masas” desarrollada por Dubet y Marttuccelli.
            Por un lado, los alumnos consideran la escuela como un medio estático, con conocimientos a los cuales no encuentran una utilidad inmediata. El pragmatismo es extremo, y no sólo en cuanto a los contenidos curriculares, sino también con el título que otorga.
            Hace cincuenta años, un título secundario facilitaba la búsqueda de un trabajo. Hoy, como expone Wacquant, la exclusión es cada vez mayor, y la secundaria lejos está de proveer un futuro trabajo digno. Entonces, ante la falta de conocimientos prácticos y un título que mágicamente otorgue acceso a un futuro mejor, la escuela entra en crisis.
            Para empeorar las cosas, tampoco un título universitario asegura un prometedor porvenir, y el negocio de los posgrados inunda las carteleras de las universidades gratuitas (gratuidad discutible, ya que no sólo se deben conseguir recursos para solventar insumos de la carrera, sino también para vivir mientras dure el tiempo de estudio). Consecuencia lógica es que si ni siquiera la Universidad asegura el porvenir ¿por qué va a interesar una instancia anterior como lo es la escuela?
            Sumado a esto, creo que en un país en crisis como el nuestro, las nuevas generaciones no ven que el estudio y la capacitación haya sido la base del éxito de sus padres, que aún fluctúan de trabajo en trabajo sin estabilidad, o estancados en puestos que les generan insatisfacción. Entonces ¿por qué estudiar si seguirán el mismo camino? ¿no tiene más sentido disfrutar la etapa sin obligaciones ni agobio pensando en el futuro?
            También estamos ante una crisis de la autoridad, que creo que es un elemento fundamental para la enseñanza. Y no se les puede criticar esto a los alumnos, la autoridad se construye y debe estar en constante legitimación ¿cómo legitimarla si ya no es necesaria?
            Ya no es la fuente de sabiduría el establecimiento escolar, sino los medios masivos. El tiempo escolar es sólo una desconexión temporal del entorno multimedia en el que el alumno aprende no sólo de modo autodidacta, sino también voluntario e inconsciente, con una autoridad que existe (los grandes multimedios), pero que se desconoce, lo que imposibilita su cuestionamiento y posible rebelión.
            El desafío de la escuela es reinventarse, actualizarse. Y como paso previo es necesaria la capacitación de los docentes en el nuevo mundo. Si no se le ve a la escuela un fin práctico, al menos deberá lograr seducir al alumno para que permanezca en ella. No creo que sea innecesaria, y sí creo con convicción que pueda dar un mejor futuro a aquel que cumple el ciclo básico de educación. El gran objetivo será convencer al alumno de ello.

Comentario de Juan Francisco Moras 

La escuela de antes era una institución apreciada y valorada socialmente, hoy ya no. Estamos ante un panorama sumamente crítico, donde no podemos exigirle a la escuela que se comporte como una entidad aislada e inmune a un sistema cultural que la afecta y condiciona en sus prácticas. Resulta harto difícil que el ámbito escolar pueda escaparle al clima de confrontación, violencia, premios y castigos inmediatos y la discriminación del diferente que actualmente se respira en casi todos los rincones de la sociedad argentina.
Claramente nuestro sistema educativo, no está respondiendo ante las demandas sociales, por caso, con la implementación en el aula de los avances tecnológicos al servicio de la educación, que se están dando a nivel mundial y que en nuestra escuela no se ven plasmados.
Por otro lado, se le suma la deteriorada imagen de los docentes en la actualidad (otrora eran personalidades destacadas que gozaban de alto prestigio social y respeto), sumado a los bajos salarios que hoy perciben, contribuyen a profundizar la crisis.
Otra cuestión, que a mi entender debería cambiar, es que la escuela actual continúa con modelos formativos desvinculados de las demandas del sector socioproductivo y de los intereses y necesidades de los jóvenes. Puntalmente, me refiero a que la desactualización de los programas escolares, atenta contra el interés y la atención de los alumnos. La presencia de Internet y las redes sociales en la vida cotidiana de los jóvenes, constituyen factores fundamentales para que el programa educativo pueda subirse al tren de la actualidad y pueda despertar el interés de los mismos.
En esa línea de pensamiento, entiendo que necesariamente deberían enseñarse en cualquier escuela cuestiones básicas y prácticas, como por ejemplo explicarles a los jóvenes como se debe realizar una instalación eléctrica en una vivienda, ello sería realmente útil y de aplicación directa para la vida cotidiana, y no insistir y machacar en la enseñanza de diseños curriculares vacíos de contenidos, o simplemente estancados, pensados para una escuela de hace 60 años atrás. Por ello, si se mantienen intactos los programas educativos de antaño, es imposible lograr que los jóvenes de hoy puedan sentir algo de entusiasmo en el aprendizaje de las materias. Lo cual los alejará aún más de sus responsabilidades educativas.
De esta manera, coincido con las opiniones vertidas por mis compañeros, en lo ateniente a que estamos atravesando una sociedad “líquida”, pero entiendo que esto no es una novedad, hace rato que vivimos en una sociedad diferente a la de nuestros abuelos, que se caracterizaba por ser ordenada, predecible, estable, casi inmutable, llamada por Bauman “sólida”, por el contrario nuestra sociedad, se caracteriza por ser cambiante, inestable y flexible. Nada permanece inmóvil y estático, todo lo contrario, se encuentra en constante movimiento. Asistimos a un cambio de paradigma en muchos aspectos, la escuela no resulta ajena.
Los retos que enfrenta la educación argentina hoy en día son complejos. El planteo de soluciones y de líneas de acción para llevarlas a cabo debe partir de un esfuerzo conjunto y coordinado para alcanzar ese “giro” que permita saldar las deudas del pasado y asuma los retos del futuro para construir el sistema educativo que nos merecemos.
Pienso que el estado debe implementar políticas a largo plazo, que definan por un lado los perfiles formativos de los docentes, para que éstos puedan enfrentar las demandas de la sociedad actual. Esto implica profundas transformaciones en la enseñanza al interior de las instituciones educativas, en coherencia con las formas de aprender, conocer y comunicarse que difunde, a paso acelerado, la lógica del siglo XXI.
Como educadores en formación que somos, sabemos que con calidad educativa, la sociedad se va desarrollar y el ser humano crecerá en su proyecto de vida y en sus valores como persona integral, de lo contrario, corremos peligro de seguir anclados en el subdesarrollo y en la incongruencia que vive la sociedad actual. Debemos quebrar la inercia y revertir esta tendencia, hacer un verdadero cambio estructural para mejorar la calidad educativa.
Para ello, el Estado debe otorgar mayor presupuesto a la Educación Pública, puesto que es la base de la sociedad, sin educación estamos perdidos.
Otra cuestión que observo hoy en día, es el desmejorado y precario estado en el que se encuentran ediliciamente las escuelas públicas argentinas, ello juega un papel fundamental en el rendimiento posterior de sus alumnos, y atenta contra la seguridad de los mismos y de los docentes que concurren diariamente. En diversas escuelas existen casos de techos que están a punto de caerse en aulas, inundaciones, comedores clausurados o falta de baños en condiciones dignas. Esas complicaciones atentan contra el bienestar educativo de una institución y, por ende, también dinamitan la capacidad del alumno de poder mantener un aprendizaje sólido.
Finalmente, y para cerrar, entiendo que la premisa de la inclusión no debe chocar de manera directa con la de búsqueda de calidad educativa. Es decir, la escuela debe incluir, velar siempre por la continuidad del alumno en el colegio y evitar la deserción, pero no por ello deben bajarse los niveles de exigencia y por ende de calidad educativa.


 

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