"Como primera entrada o publicación en su blog deberán reflexionar sobre
la escuela a la que asistimos cada uno de nosotros... Tomando las
lecturas realizadas, pensemos alguna característica, episodio, tradición
o acción, etc. en la que podamos identificar alguna marca de la matriz
de pensamiento de la modernidad."
Introducción
El planteamiento de la relación entre
educación y modernidad marcan un precedente en la expresión de la masificación
y la generación de las nuevas tendencias
pedagógicas que re significan notoriamente la tarea educativa llevada a cabo
por la institución escolar.
Se comienza a vislumbrar el concepto de
calidad educativa, acorde a la nueva forma en que la sociedad percibe su
realidad y la de su entorno, dando lugar a fracturas en el sistema educativo
que provocan cambios progresivos que resultan en un nuevo funcionamiento
escolar.
Para poder comprender la relación existente entre sociedad,
escuela y modernidad es de fundamental importancia conocer los conceptos de
cultura escolar, tiempo y desarrollo en el ámbito social. De la cultura escolar
se desprenden los sistemas de organización social propios del ámbito educativo,
que involucran el dinamismo de las relaciones entre los actores actores
educativos, las prácticas pedagógicas implementadas durante el proceso de
enseñanza- aprendizaje, marcos normativos de convivencia escolar, consensos y
toma de decisiones en pos de la resolución de conflictos que devienen en la
conformación de un clima escolar propicio para potenciar en forma satisfactoria
la tarea educativa.
Podemos citar que en este marco cognitivo de una escuela
moderna, la escuela es productora de subjetividad, educa bajo los preceptos
democráticos de formar seres libres, con un pensamiento propio fundamentado
desde la práctica del razonamiento y la libertad de expresión, rompiendo con
los esquemas educativos hegemónicos fundacionales.
El constructivismo, concepto que se desprende de las prácticas
educativas del paradigma de escuela moderna, como corriente pedagógica se ha
ido abriendo camino en el ámbito educativo persiguiendo una formación genuina
del sujeto, y no un mero reproductor de modelos de estado impuestos desde la
arbitrariedad.
Habiendo cada uno de nosotros concurrido a una escuela distinta, tenemos visiones particulares sobre nuestra etapa escolar, mas no es impedimento para encontrar muchos puntos en común.
Experiencia de Álvaro Herrero Ducloux:En mi caso asistí toda la etapa escolar, desde 1991 al 2002, a la misma institución, la cual sólo cambiaba de nombre pero mantenía el mismo método de enseñanaza. San Blas en Primaria, Instituto Fray Mamerto Esquiú en secundaria: una de las escuelas privadas más típicas de City Bell.
A la enseñanza se le reconoce la base prusiana sin ningún esfuerzo: separación por edad, mismos contenidos a todos, preceptos indiscutibles, etc.
Tenía la característica de ser una institución religiosa católica, por lo que además de la instrucción escolar, se nos preguntaba sobre nuestra asistencia a misa y se nos estimulaba a concurrir. Discutir la palabra de dios podía ponernos en aprietos y charlas con el sacerdote (persona a la que muchos temían).
También siempre se hablaba de la familia y se elogiaba su estructura típica de aquel entonces.
Se formaba en filas separados hombres de mujeres, y todos éramos observados desde el panóptico.
Como tradición, todas las mañanas se izaba y bajaba la bandera, y era un orgullo ser elegido para tal menester, inflamando el sentimiento patriótico. Sumado a ello, se rezaba al entrar y al salir. Mirando en retrospectiva, me sorprende haber podido transitar sin mayores conflictos.
Hoy en día la escuela está más abierta a distintas opiniones, y se nota que la llamada "posmodernidad" está afectando a la institución y a su pensamiento hegemónico. Con el debate del aborto hubo pañuelos verdes dentro del establecimiento (situación que conozco por sobrinas que asisten). Si bien fueron prohibidos, y la prohibición acatada, ya el pensamiento rebelde e independiente ha logrado irrumpir en la comunidad escolar.
Experiencia de Cintia Mariela Rodrigo:
Como episodio vivido en mis épocas escolares, y a modo de
ejemplo de una práctica constructivista , traigo a colación un profesor de
Historia en el primer año de secundaria quien al desarrollar su clase, presentaba un tema y la clase lo iba
desarrollando con el apoyo de variada bibliografía. Cada clase, el docente
utilizaba como disparador determinadas temáticas y el curso lo iba debatiendo
de acuerdo a la información adquirida en los momentos de lectura. Nunca evaluó
en forma escrita, con preguntas concretas. El conocimiento y la opinión
debidamente fundamentada de los alumnos
y por sobre todo la avidez por la lectura y la curiosidad por recabar
información de distintos autores eran los criterios evaluativos a la hora de
acreditar la materia. La nota era consultada al alumno de acuerdo a lo que
consideraba merecer por su trabajo, y si era consideraba justa, la misma era
promediada con la nota conceptual del docente. Particularmente dejó una marca
en mi trayecto educativo porque su estrategia pedagógica me invitó y motivó a
construir desde una temática impartida el conocimiento desde mi propia
subjetividad, debidamente expresada y fundamentada en el análisis y desarrollo
de la mirada de varios autores.
Experiencia de Juan Francisco Moras:
Experiencia de Sebastián Ariel Peláez:
En mi caso tuve la misma experiencia que Francisco, transité tanto por la Escuela Pública como por la Privada católica. La primaria en la escuela Scalabrini Ortiz en el partido de Mataderos, Capital Federal. Al entrar siempre se izaba la Bandera en la entrada con los niños de jardín y preescolar junto a sus maestras y sus padres, y de primero a séptimo se recorría de la entrada hasta el final del patio para llegar al segundo mástil. Todos proveníamos de distintas clases sociales, siendo la gran mayoría de clase media. El uniforme consistía en un guardapolvo blanco.
Mi trayecto por la escuela secundaria fue en el Colegio Nuestra Señora de los Remedios, una escuela privada subvencionada por el Estado. Al ingresar se izaba la bandera, íbamos con uniforme si uno llegaba antes de que toque el segundo timbre a la bandera, se ponía media falta. La gran mayoría de mis compañeros eran de clase media-alta. No era muy diferente de la escuela pública, lo diferenciaba el uniforme, la distribución en las aulas era descontracturada, podíamos ubicar los bancos a nuestra manera ya sea en grupo o individual, no era obligatoria la misa, se hacían mucho hincapié en actividades pastorales grupos juveniles, scout, la enseñanza era buena, y gracias a la excelente educación que recibí en la escuela primaria, pude transitar este tramo tranquilamente.
Experiencia de Juan Francisco Moras:
En mi caso tuve la
experiencia de transitar tanto la Escuela Pública como la Privada (Católica).
La primaria, la hice en el Normal N° 1 de la ciudad de La Plata. Recuerdo mucho
el amplio salón de actos, donde cada fecha patria se conmemoraba con mucho entusiasmo.
De primero a séptimo grado, tuve todas maestras (mujeres), en sintonía con la
idea educativa de Sarmiento. Mis compañeros/as provenían de distintas clases
sociales, siendo la gran mayoría de clase media. Existía un buen clima entre
todos. En los recreos jugábamos al fútbol, o cambiamos figuritas. La
indumentaria que usábamos consistía en un guardapolvo blanco (clara idea de
igualar). La enseñanza era de alta calidad.
Luego pasé en la secundaria
al colegio San José, el cambió fue radical y me costó bastante adaptarme. El
colegio era sólo de varones. Al ingresar se izaba la bandera con la marcha de
fondo, íbamos con uniforme (saco y corbata), si uno llegaba antes de que toque
el segundo timbre de la bandera, se ponía media falta. A la entrada al aula, se
formaba fila después de cada recreo. Teníamos misa obligatoria los primeros
viernes de mes. La gran mayoría de mis compañeros eran de clase media-alta. Los
directivos hacían mucho hincapié en mantener la buena conducta, castigándose
duramente a los alumnos con conductas disruptivas, hasta incluso echándolos y buscándole
otro establecimiento educativo. La disposición del aula consistía en una tarima
elevada, donde el profesor daba su clase, y debajo los pupitres de cada uno de
nosotros. Claramente se marcaba la diferencia entre profesor (autoridad) y
alumno. Podíamos opinar, es cierto, pero nos dedicábamos más a acatar y a
discutir poco. En cuanto la enseñanza era buena, pero de ningún modo superior a
la que recibí en la Escuela Pública.
Experiencia de Sebastián Ariel Peláez:
En mi caso tuve la misma experiencia que Francisco, transité tanto por la Escuela Pública como por la Privada católica. La primaria en la escuela Scalabrini Ortiz en el partido de Mataderos, Capital Federal. Al entrar siempre se izaba la Bandera en la entrada con los niños de jardín y preescolar junto a sus maestras y sus padres, y de primero a séptimo se recorría de la entrada hasta el final del patio para llegar al segundo mástil. Todos proveníamos de distintas clases sociales, siendo la gran mayoría de clase media. El uniforme consistía en un guardapolvo blanco.
Mi trayecto por la escuela secundaria fue en el Colegio Nuestra Señora de los Remedios, una escuela privada subvencionada por el Estado. Al ingresar se izaba la bandera, íbamos con uniforme si uno llegaba antes de que toque el segundo timbre a la bandera, se ponía media falta. La gran mayoría de mis compañeros eran de clase media-alta. No era muy diferente de la escuela pública, lo diferenciaba el uniforme, la distribución en las aulas era descontracturada, podíamos ubicar los bancos a nuestra manera ya sea en grupo o individual, no era obligatoria la misa, se hacían mucho hincapié en actividades pastorales grupos juveniles, scout, la enseñanza era buena, y gracias a la excelente educación que recibí en la escuela primaria, pude transitar este tramo tranquilamente.
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